VIII encuentro anual de Profesionales de Tres-e

El encuentro se celebró en Santiago de Compostela del 22 al 24 de marzo de 2019

Este encuentro fue de ánimo y desafío para considerar los principios cristianos integrados en la vida, la empresa y los negocios. Maestros y formadores de compañías nacionales, directivos, ingenieros, arquitectos, supervisores de factorías, asesores y directores comerciales, hasta llegar a un total de 68 profesionales se dieron cita en la capital gallega para considerar la “carrera de fondo de José”, pensar en la empresa espiritual o en la verdad en la posverdad, además de tener en cuenta cómo los líderes aplican la cultura del reino. Ser un soñador como lo hizo José y no perder la nobleza de corazón; liberar la presencia de Dios en el lugar de trabajo o estar convencido de que el éxito de la profesión depende de la vinculación con Cristo, fueron algunos de las conclusiones de los ponentes expusieron bajo el título  “Trabajad no por la comida que perece”, en este último encuentro de “Tres-e” –Evangélicos en la Economía y Empresa. En el mismo hotel, en la entrada de la capital compostelana, también los ponentes Marcos Zapata, Samuel Pérez Millos y Wayne Back se dirigieron a empresarios con sus conferencias para considerar “Cómo sobrevivir al éxito y cómo gestionar el fracaso”. 

EL ÉXITO DE JOSÉ: UNA CARRERA DE FONDO

El maestro de la Universidad de Santiago de Compostela y presidente de la Alianza Evangélica, Marcos Zapata, fue el primero en exponer argumentos sobre cómo el profesional debe tener un don y un carácter correcto para llegar a ser de bendición, como lo fue José. Si bien a los ojos humanos este personaje del Génesis fue un fracaso, Dios lo vio perfecto para su sueño, y, es que, su vida fue una carrera de fondo, además de que su ética fue probada antes de llegar a recibir el éxito deseado. En la vida existen dos tipos de personas (Gén. 37:5): los que aborrecen o los que sueñan. El don puede correr mucho más rápido que el carácter, pero en este caso este personaje supo cambiar la envidia por nobleza de corazón y no dejó que el aborrecimiento de sus hermanos le amargara el carácter, sino que soportó la injusticia de la cárcel con buen ánimo, ya que se quedó con su final desde el principio.

Es así que Dios empieza siempre por el final; antes de la honra viene la humillación. Sin embargo, la mayoría de las personas ponen su enfoque en las circunstancias difíciles del camino o en el rechazo de otros, cuando “a los que aman a Dios todas las cosas les sinergian para bien”, es decir, es necesario definir el final y los propósitos para después empezar a trabajar. Ningún profesional cristiano debería quejarse del camino ni en el camino, sino que debe crecer en habilidades y estar persuadido de que “el que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. El que tiene el final no alcanza el fracaso, sino que consigue el éxito porque sabe saltar de fracaso en fracaso sin hundirse. Hay que vivir cada etapa dándole sentido a lo que nos toca vivir, ya que la autoridad viene por la obra terminada.

En su segunda exposición, Marcos Zapata expuso las siete pruebas por las que pasó José cuando le vino Palabra de Dios. Cuando Dios da una promesa es posible que haya un vacío de cumplimiento, aunque José pudo superar la prueba del rechazo, así como la de la moral. Su actitud fue probada en el servicio y en el olvido porque tardó dos años en poder interpretar el sueño de Faraón, y al final fue capaz de perdonar, glorificar a Dios y tener una visión del éxito, más allá de la perspectiva terrenal. 

DESARROLLANDO LA CARRERA ESPIRITUAL Y LA CULTURA DEL REINO

Líder en una comunidad cristiana, licenciado en física y pastor ejecutivo de una gran iglesia, Wayne Back, consideró durante el encuentro del 22 al 24 de marzo cómo la carrera del profesional es espiritual y que Dios trabaja en las vidas de las personas de forma particular. La oración es el elemento fundamental para crear lugares de piedad, paz, reverencia dentro de los trabajos, además de liberar la presencia de Dios, ya que, este poder es la ventaja secreta que tenemos los cristianos frente al resto de empleados y directivos que no tienen en cuenta a Dios en sus vidas. Llevar frutos y buscar los dones, creando influencia sobre los compañeros de trabajo, ayudándoles a buscar sus dones y pasiones son elementos a tener en cuenta para el desarrollo del profesional espiritual. Existen personas sin dones y sin pasión, pero también otras tantas que tienen abundancia de ambos y que pueden ayudar a los primeros a reconocerlos y a convertirlos en su pasión.

A modo de taller, Wayne propuso escribir una declaración de visión personal para que los profesionales asistentes descubrieran qué les apasiona, cómo llevar a cabo estos dones de servicio y dónde y entre quien implementarlos. Cuando no hay seguridad en encontrar el propósito puede existir un período de transición para seguir la visión de Dios, sin realizar cambios bruscos, estando bien seguros y preparados para un cambio de mentalidad, donde el reino empieza con una pequeña semilla.

La segunda sesión de Wayne Back consistió en considerar un modelo organizativo integral del reino para aplicar en empresas, familias, iglesias y otros grupos personales. A través de una pirámide mostró el carácter del reino con su influencia y sus relaciones, además del poder del reino con su desarrollo y clima de equipo, todo esto teniendo en cuenta la transformación y el desempeño individual y organizacional. Ya desde el principio lanzó varias preguntas para pensar como: ¿qué cultura estamos buscando? O ¿quiénes somos y qué estamos dando a las personas que nos rodean? Comunicamos el reino a través de las relaciones, ya que estamos en un Reino de vida, pero también podemos extraer vida de las personas que tenemos al lado. El líder debe auto examinarse y no llevar la crítica, sino la cultura del reino, mediante la transformación personal. Los líderes estancados no cambian la cultura que les rodea y los “sistemas” de cambio cultural sólo funcionan cuando son dirigidos por personas transformadas, que aún están siendo transformadas. En este sentido, el ejemplo de Pablo fue muy claro, porque quería cambiar la cultura de la iglesia. Como líderes y de cara a los empleados, es necesario defender y recompensar a los empleados; contratar “buena levadura”, además de cuidarla; formar a estos empleados por medio del coaching y la mentoría para ayudar a planificar un camino de crecimiento. 

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