Ultimadamente, ¿de quién es este negocio?

Por Jim Langley

Como personas de negocios y profesionales, todos estamos involucrados en negocios todos los días. He estado supervisando mi práctica de servicios financieros por más de 35 años. Una pregunta que siempre debemos realizar es: «¿De quién es este negocio, finalmente?».

La mayoría respondería con orgullo: «Es mi negocio». Esta sería una respuesta típica para cualquier empresa familiar. Las empresas más grandes generalmente son propiedad de un grupo de socios o de un número sustancial de accionistas. A menudo, algunos accionistas mayoritarios tienen el control primario de las empresas más grandes.

Creo que nos estamos engañando a nosotros mismos si sentimos que los negocios que manejamos nos pertenecen. ¡La Biblia nos dice quién realmente posee todo! Es nuestro Padre celestial, pero Él nos permite supervisar los asuntos comerciales por un tiempo mientras estamos aquí en la tierra. Y muy a menudo podemos pasar el negocio como una herencia a la próxima generación. Tarde o temprano, sin embargo, todo vuelve a él. ¡Todo es parte de su maravillosa provisión! En mi opinión, el trabajo es bueno y debe ser disfrutado. No debe ser un trabajo pesado, pero para disfrutarlo realmente, debemos tener la perspectiva correcta. Ofrezco mi propio viaje espiritual como ejemplo.

Apenas unos meses antes de cumplir 40 años de edad, di un salto desde la vida corporativa a la profesión de servicios financieros. Como nunca había vendido ningún producto antes, sabía que esto era un gran riesgo. Sí, tenía habilidades que hacían el salto más fácil, pero no había ninguna garantía de éxito. Solo sabía que necesitaba salir de la cultura corporativa.

Siempre he sido emprendedor en mi forma de pensar y algo así como un espíritu libre. New York Life estaba dispuesta a correr el riesgo de entrenarme, y 35 años después sigo devolviéndole a la compañía que vio algo en mí que no sabía que existía.

El primer año en mi nueva disciplina resultó ser un verdadero desafío. Se me permitió seleccionar un nuevo gerente de ventas después de que mi primer jefe se hiciera cargo de la oficina general de los Estados Unidos en Santa Bárbara, California, y mi segundo gerente regresó a la fuerza de ventas. Por ese tiempo acepté a Jesucristo como mi Salvador y Señor, así que elegí trabajar con un gerente de ventas a quien admiraba por su fuerte fe cristiana. Trabajar con su equipo fue una bendición inmensa, y luego fui nombrado para un puesto de gerencia de ventas.

En mi cuarto año, conocí el CBMC [conocido como el Comité de Profesionales y Empresarios Cristianos, en el mundo de habla hispana]. Las relaciones que se formaron en esa organización internacional me dieron herramientas y estímulos muy necesarios para seguir siendo fuerte espiritualmente durante tiempos extremadamente difíciles. Una de las lecciones más importantes que aprendí fue abordar la pregunta que hice anteriormente: «Ultimadamente, ¿de quién este negocio?».

Se han escrito volúmenes sobre el éxito empresarial en las últimas décadas. Entre ellos, un libro de Jim Collins destaca sobre todos los demás: «Empresas que Sobresalen, por qué unas sí pueden mejorar la rentabilidad y otras no» [Good to Great, en inglés], el cual se ha convertido en un clásico moderno en la teoría de la administración. Como escribe Collins, la grandeza de los negocios no es fácil. Yo agregaría mi creencia de que viene de reconocer que Dios es el verdadero dueño del negocio y de apreciar a todos los que trabajan en el equipo, mientras se le da a Dios la gloria por los éxitos que vienen.

En Lucas 12:16-21, Jesús cuenta la parábola de un hombre rico que decidió derribar sus graneros y construir otros más grandes para almacenar todas las cosechas abundantes que había cosechado. Este hombre se dio cuenta de que tenía muchas cosas buenas y sintió que simplemente podía tomar la vida con calma; comer, beber y ser feliz. En los versículos 20-21, Jesús advierte: «Pero Dios le dijo: “Tonto, esta noche morirás, y entonces ¿quién se quedará con todo lo que guardaste?”. Esto es lo que pasa con el que consigue mucho para sí mismo, pero no es rico ante los ojos de Dios» [versión Palabra de Dios para Todos (PDT)].

Necesitamos ser ricos para con Dios y darnos cuenta de que todo lo que tenemos es el suyo. Le recomendaría y lo alentaría a que lo busque y reconozca Su presencia en todo lo que hace en los negocios y en la vida en general.

© 2019, todos los derechos reservados. Jim Langley ha sido agente de New York Life desde 1983 y miembro activo de la CBMC en Santa Bárbara desde 1987. Estas discusiones de “Estrategias del Cuarto Tiempo” están diseñadas para “encender un fuego” en los negocios y profesiones de hombres cristianos para  que podamos ser más eficaces en el mercado por Cristo, nuestro Señor y Salvador! Por favor visite nuestro sitio web @ http://www.fourthquarterstrategies.com.

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