PÉRDIDAS PELIGROSAS POR EL ORGULLO

Por Jim Mathis

Al igual que el cáncer o la presión arterial alta, el orgullo puede ser un asesino silencioso. Hace unos años, una canción del cantautor Roger Miller lamentaba el alto índice de divorcios con una frase que decía: «Creo que el orgullo es la principal causa del descenso del número de esposos y esposas».

El orgullo no es solo la principal causa de la ruptura de las relaciones; también puede ser la fuente de malos tratos comerciales, conflictos familiares y guerras. Puede causar que busquemos venganza y represalias. «Ellos dispararon primero». «Ese territorio era nuestro antes de que eso sucediera». «Queremos un mejor trato, un trozo más grande del pastel». «Me ofendieron».

Hace algunos años, estaba en el mostrador de la cafetería que tenía cuando entró un viejo amigo. Observó cuidadosamente el menú en la pared y me preguntó si sabía cómo hacer todas esas cosas. Respondí rápidamente que había desarrollado todas las recetas y entrenado a mis empleados. Entonces sí, sabía cómo preparar las bebidas. El hecho de que aún recuerde esa conversación de hace más de 15 años, me dice que era culpable de ser muy orgulloso en ese momento. Mi ego fue desafiado y sentí la necesidad de defenderme.

Tal vez me sentí inseguro, o simplemente quería hacerle saber que yo tenía el control del lugar, y eso incluía el menú. Estoy seguro de que hoy habría hecho un comentario más alegre y que pronto me habría olvidado del incidente. De hecho, en una situación similar que surgió recientemente, simplemente respondí afirmativamente y sonreí. Fue una respuesta mucho mejor. Me gusta el consejo del libro de los Proverbios, que dice: «Es de tontos hablar con orgullo; es de sabios ser de pocas palabras» [Proverbios 14:3 TLA].

El orgullo presenta su fea cabeza cuando menos lo esperamos. Nos hace tratar de defendernos ante el más mínimo desafío. Nos hace menospreciar a los demás para construirnos a nosotros mismos a través de insultos y humillaciones. El acoso generalmente es causado por tratar de construirnos a nosotros mismos mientras estamos derribando a alguien más. Hemos escuchado mucho sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo. Sin intentar simplificar demasiado el problema recurrente, a menudo es causado por un hombre que trata de construir su propia visión distorsionada de la masculinidad u ocultar su propia inseguridad. «El orgulloso termina en la vergüenza, y el humilde llega a ser sabio»(Proverbios 11:2 TLA).

Sin embargo, hay que considerar otro lado del orgullo. En Mateo 22:39, Jesús nos instruyó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. En este mandato, Jesús estaba insinuando que debemos amarnos a nosotros mismos para amar a los demás de manera efectiva. El sano orgullo hace que nos atribuyamos el mérito de nuestro trabajo; nos enorgullecen nuestros logros y nos alientan a generar un trabajo de calidad, un trabajo del que estemos orgullosos cuando otros lo vean. Y el orgullo nos anima a cuidar nuestro cuerpo físico.

La gente de negocios, y especialmente los empresarios, necesitamos promocionarnos, pero debemos hacerlo de tal manera que el orgullo no se centre en el pecado y en las relaciones tóxicas. Hay una delgada línea entre el sano orgullo y la arrogancia, y entre la confianza en uno mismo y la falta de modestia. Saber en dónde están esas líneas requiere sabiduría y discernimiento. La humildad con fortaleza, puede ser una cosa que evitemos, si no tenemos la sabiduría de Dios.

Jim Mathis es dueño de un estudio de fotografía en Overland Park, Kansas, especializado en fotografía ejecutiva, comercial y teatral, y recientemente abrió una escuela de fotografía. 

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