Escoger -o rechazar- “Beber la Copa”

Por Sergio Fortes

Ya sea en nuestra vida personal o profesional, hay ciertos momentos en los que parece que nada funciona. No importa lo que hagamos, todo va mal. Sentimos que ha llegado el fin, ya sea nuestra carrera, esforzándonos por alcanzar un objetivo importante o salvar una relación valiosa. Nuestras mentes se abruman con pensamientos negativos. Los amigos y parientes cercanos parecen distantes, dejándonos rodeados de sentimientos de soledad. El naufragio anticipado parece sólo una cuestión de tiempo.

Todo lo que importa, creemos, ya sea en el mundo corporativo, las actividades personales o incluso en nuestras vidas espirituales, es el éxito. Si nuestra historia no es exitosa, solo puede ser una cosa: un fracaso. Lamentablemente, nadie tiene interés en el fracaso.

En su libro, Aquí y Ahora, el autor Henri Nouwen, uno de los máximos exponentes de la espiritualidad durante el último siglo, nos recuerda que los episodios de la vida alternan, teniendo un flujo y reflujo natural: alegría y tristeza; éxito y fracaso; salud y enfermedad; similar a las estaciones de un año calendario. La Biblia puede decirnos mucho sobre estas estaciones. De hecho, el Antiguo Testamento dice: «Hay un tiempo para todo, y un tiempo para cada actividad bajo el cielo: un tiempo para nacer y un tiempo para morir… un tiempo para derribar y un tiempo para construir…» [ver Eclesiastés 3:1-8].

Durante su tiempo en la tierra, Jesucristo de Nazaret consideró los momentos de dolor y fracaso como partes integrales de su vida. Hablando con Pedro, uno de sus seguidores más cercanos —y el más impulsivo—, lo reprendió la noche en que fue traicionado. Jesús dijo: «¿Acaso no voy a beber de la copa de sufrimiento que me ha dado el Padre?» [Juan 18:11 NTV]. Entendiendo que este era un juicio que no podía evitar.

Pedro pensó que esto era inaceptable, negándose a tolerar lo que percibía como un fracaso. Prefirió sacar su espada, que él había camuflado hábilmente, y luchar contra los acusadores de Jesús. Ataca a los atacantes. Corta una oreja, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa excepto «beber la copa».

Todos deseamos tener nuestras propias «espadas» para protegernos de los asaltos de la vida. Estas armas aparentemente protectoras pueden parecerse a una cuenta corriente bancaria, una tarjeta de crédito oro, una cuenta de ahorro grande, un amigo rico al que podemos recurrir en caso de crisis, o bienes materiales que podemos liquidar fácilmente si es necesario. ¿Pero son realmente efectivos, o simplemente bastones que retrasan el inevitable proceso de «beber la copa»?

Distinguir entre cuándo pelear y cuándo beber la copa requiere de un gran discernimiento espiritual. Rodeado de soldados enojados, armados y violentos, Jesús vio más allá del asedio. Comprendió que no era el momento de luchar, sino más bien de aceptar la voluntad de Dios, incluso si eso significaba amargo sufrimiento, dolor y muerte. Era necesario que Él bebiera la copa. Su propósito fue borrar los pecados de la humanidad.

Esto no es solo una ilustración espiritual. Para cada uno de nosotros que trabajamos en el mundo empresarial y profesional, a veces «beber la copa» es inevitable. Tal vez esté en uno de esos momentos de su vida hoy. Se le está pidiendo que beba esa copa, pero quiere ni siquiera un poco. ¿Quién prefiere el dolor y la amargura sobre el éxito?

En estas circunstancias, necesitamos sabiduría para entender lo que está sucediendo. Sin embargo, aunque no lo entendamos, las Escrituras nos ofrecen consuelo. Como escribió el rey David: «Pues su ira dura solo un instante, ¡pero su favor perdura toda una vida! El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría» [Salmo 30:5 NTV]. Más adelante David expresó: «Tú cambiaste mi duelo en alegre danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría» [verso 11]. Tenga usted confianza en que Dios puede cambiar incluso los peores momentos en buenos y puede hacerlo para siempre.

© 2018. J. Sergio Fortes es consultor en gestión estratégica y especialista en liderazgo corporativo. También es miembro de CBMC Brasil.

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