Equipado para un buen trabajo

Por Robert J. Tamasy

Cuando la gente se entera de que soy escritor, a menudo dicen: «Yo nunca podría hacer eso. Escribir es tan difícil para mí». Esto me hace reír, porque me siento de la misma manera prácticamente con cualquier otra línea de trabajo. Admiro a personas con habilidades mecánicas, como carpinteros, plomeros, electricistas u operarios. No me puedo imaginar cómo los contadores hacen el trabajo que hacen. Las personas que se destacan en hablar en público me sorprenden, y los líderes dotados que pueden inspirar y movilizar a aquellos que dependen de ellos tienen mi gran respeto.

Todos somos diferentes, partiendo de una «caja de herramientas» única de dones, habilidades y experiencias. Esa es una de las razones por las que nos necesitamos unos a otros; trabajando juntos, nos complementamos mutuamente. ¿Alguna vez ha considerado, sin embargo, de dónde provienen nuestros talentos, habilidades y preferencias innatas?

Comencé a escribir temprano en mi vida. Aunque no consideré la posibilidad de que fuera mi profesión hasta casi dos años después de estar en la universidad. Escribir siempre me ha sido agradable, algo sobre lo que me volví más y más apasionado. Lo interesante es que nunca me dije: «Creo que voy a seguir escribiendo, en vez de convertirme en mecánico, médico, abogado o científico». Más bien, escribir estaba «conectado» a mi ser, una parte integral de lo que era, y de que soy hasta el día de hoy.

Mi conclusión acerca de dónde obtenemos nuestras habilidades innatas es simple: Dios nos las otorga según lo considera individualmente. Algunas personas son vendedores naturales; otros tienen fortalezas de gestión especiales, mientras que otros están equipados de forma única para convertirse en ingenieros, profesores, enfermeras o arquitectos.

El libro de los Salmos nos recuerda: «Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro!» [Salmo 139:14 TLA]. Creo que eso incluye los talentos y dones específicos que a veces se manifiestan en la primera infancia, como un prodigio musical o un genio matemático que puede resolver ecuaciones complejas mucho antes de que otros supieran leer.

Pero este equipamiento especial del Señor no se detiene en el útero. Continúa a lo largo de nuestras vidas cuando somos sensibles a su dirección y obedientes a su llamado. Consideremos lo siguiente:

El uso de nuestros dones cumple la voluntad de Dios. La manera en que utilizamos nuestros talentos y habilidades únicas no es sólo para nuestro beneficio, sino también para cumplir con la voluntad de Dios para nuestras vidas, así como también con sus intenciones eternas y perfectas. «Y ahora, que el Dios de paz… los capacite con todo lo que necesiten para hacer su voluntad. Que él produzca en ustedes, mediante el poder de Jesucristo, todo lo bueno que a él le agrada. ¡A él sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén» [Hebreos 13:20-21 NTV].

Nuestras habilidades son parte del plan de Dios. Nuestras capacidades vocacionales distintivas se otorgaron en el contexto del mayor propósito de Dios, permitiéndonos servirlo a Él y a los demás de manera más efectiva. «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» [Efesios 2:10 RVR].

Nuestras habilidades deben usarse de acuerdo con la Palabra de Dios. El trabajo que hacemos, y las habilidades que empleamos, se utilizan mejor en el contexto de las verdades y principios que Dios proporciona en la Biblia. «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra» [2 Timoteo 3:16-17 NVI].

 

© 2018. Robert J. Tamasy ha escrito Business at Its Best: Timeless Wisdom from Proverbs for Today’s Workplace; Tufting Legacies; fue coautor de David A. Stoddard, The Heart of Mentoring, y editó muchos otros libros, incluido Advancing Through Adversity de Mike Landry.

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