Enfrentando las tormentas de la vida

Por Jim Langley

En nuestra vida personal y profesional experimentamos tormentas que pudieran parecer insignificantes si se comparan con verdaderos huracanes, tornados o tsunamis. Sin embargo, igual que las tempestades de la naturaleza, nuestras tormentas también pueden causar daños irreparables en nuestras vidas. Podemos reconstruir o reubicarnos después de algún desastre natural; pero las tormentas internas que enfrentamos pueden ser mucho más difíciles de reparar.

Cuando volví de Vietnam, después de cumplir 18 meses en ese conflicto infame, nadie tenía una idea real del efecto que la guerra había tenido sobre aquellos que patrióticamente prestaron servicios. A lo largo de los años, obtuve una mejor comprensión del impacto que ese período tuvo en mí personalmente. Después de dos matrimonios fallidos y otras luchas, comencé a darme cuenta de que algo estaba causando esa inestabilidad interna. Veamos las tormentas de la vida en un sentido más amplio.

Nos encontramos con muchos tipos de tormentas durante varias etapas de nuestras vidas. Habrá tormentas financieras, como perder un trabajo, la pérdida de un negocio, una deuda fuera de control, malas inversiones y posiblemente una bancarrota. Habrá relaciones tormentosas, como rumores infundados y mentiras descaradas difundidas con malicia, pérdida de amistades, acusaciones, infidelidades y tal vez divorcio. También enfrentaremos tormentas de salud demasiado numerosas como para mencionarlas, y eventualmente todos tendremos que enfrentar la muerte.

El apóstol Pablo entendió las tormentas de la vida; él había experimentado muchas de ellas. En una de sus cartas, él le dice a su discípulo Timoteo: «Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones y padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio y en Listra; persecuciones que he sufrido, y de las cuales me ha librado el Señor» [2 Timoteo 3:10-11 RVC]. El escritor de Hebreos instruye: «Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios» [Hebreos 12:2 NTV].

No podemos depender de un estratega personal que nos advierta sobre todos los peligros que nos esperan. Sólo nuestro Padre Celestial conoce nuestras tormentas futuras, y no podemos saber cuándo o cómo vendrán estas tormentas. La buena noticia es que no necesitamos atravesar las tormentas solos. La Biblia nos recuerda: «No dejemos de reunirnos, como hacen algunos. Al contrario, animémonos cada vez más a seguir confiando en Dios, y más aún cuando ya vemos que se acerca el día en que el Señor juzgará a todo el mundo» [Hebreos 10:25 TLA]. Viviendo en tiempos difíciles, seremos sabios al no intentar hacerlo por nuestra cuenta.

¿A dónde más podemos dirigirnos en tiempos tormentosos, cuando todo a nuestro alrededor se convierte en un caos fuera de control? Para mí, mi atención se dirige a mi Consolador, el Espíritu Santo de Dios, al Único en quien confiaré a través de las experiencias del valle que enfrente. Tenemos la promesa de Dios: «…No te desampararé, ni te dejaré» [Hebreos 13:5 RVR].

El rey David proclamó: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento» [Salmo 23:4 RVR]. Estas palabras me consuelan al anticipar las tormentas futuras que sé que vendrán. Esta comodidad y seguridad que encuentro no se basan en una ilusión, sino en la fidelidad y la confiabilidad de Dios.

Jesús profetizó: «Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo» [Juan 16:32-33 NTV].

Aquellos de nosotros que conocemos a Jesucristo personalmente tenemos la seguridad inquebrantable de que no estamos solos, ya que el Espíritu de Dios mora en nosotros y nos brinda la paz que trasciende todo entendimiento, sin importar que estemos en nuestros hogares o a miles de kilómetros de casa. Nunca es demasiado tarde para volverse a Jesús. Si no lo conoces, Él está a la espera de tu súplica por ayuda.

© 2018, todos los derechos reservados. Jim Langley ha sido agente de New York Life desde 1983 y miembro activo de la CBMC en Santa Bárbara desde 1987. Estas discusiones de “Estrategias del Cuarto Tiempo” están diseñadas para “encender un fuego” en los negocios y profesiones de hombres cristianos para  que podamos ser más eficaces en el mercado por Cristo, nuestro Señor y Salvador!

1 comentario

  1. Elvira

    17/07/2018 at 21:08

    Muy buen artículo, oportuno y tan actual. Gracias!

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