La bendición de descansar

Por Sergio Fortes

Recientemente me pasé todo un sábado en casa haciendo… nada. Había planeado ir al hermoso parque de la pequeña ciudad brasileña donde vivo, y pasear entre sus árboles gigantes, lagos y áreas abiertas donde algunas familias disfrutan de amistosos días de campo.

Por alguna razón, no pude hacer nada de esto. La pereza —puede llamarla apatía— se apoderó de mí. Leí un poco, vi la televisión por un rato, comí y dormí. Sin embargo, al final del día, me sentí mal, casi culpable. No pude evitar sentir que había desperdiciado el día siendo improductivo; parecía que había perdido un día por completo.

Hablando de esto con mi hija, una psicóloga, me llamó la atención cuando me ofreció una perspectiva diferente: «No, papá, el descanso es un regalo de Dios. Recibe este regalo sin sentirte culpable y disfrútalo». Pensé: «inactividad, y descanso ¿Un regalo de Dios?».

Esto me recordó que la semana anterior había sido intensa, con mucho trabajo duro, junto con viajes considerables. Después de eso, necesitaba de un tiempo de descanso, una oportunidad para volver a cargarme de energía. También recordé que la Biblia nos dice que incluso Dios «…reposó el día séptimo de toda la obra que hizo» [Génesis 2:2 RVR].

No sé por qué Dios necesitó descansar, pero claramente dice que «reposó». Tiene sentido entonces —ya que fuimos creados a su imagen— cada semana, después de terminar nuestro trabajo, también debamos tomarnos un tiempo para descansar.

Una vez, los apóstoles al regresar con Jesús, de una visita al ministerio que les había asignado; al dar su informe, relataron haber tenido días de duro trabajo y cansancio emocional. Ni siquiera se habían tomado tiempo para comer. La respuesta de Jesús a su cansancio les proporcionó una importante lección: «Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato» [Marcos 6:31 NTV].

Se cuenta que, una vez, el predicador de un pueblo pequeño, después de años de arduo trabajo, comunicó a sus feligreses durante el sermón del domingo por la mañana que tenía la intención de tomarse unos días libres. A la salida de la iglesia, tres hermanas ancianas se opusieron a su plan y expresaron su desacuerdo: «¿Cómo pueden tomarse unas vacaciones?, ¿no saben que el diablo no descansa?», argumentaron.

El anciano predicador respondió con humildad y sabiduría: «Es por eso que necesito un descanso, para no hacer lo mismo que hace el diablo».

Los desafíos diarios, tanto comerciales como profesionales que enfrentamos, son gigantescos. No siempre podemos lograr los objetivos que queremos. Los resultados son a veces insignificantes; y a veces sentimos que no hemos logrado nada en absoluto. Como consecuencia, estamos tentados a pensar que no tenemos derecho al ocio, que tenemos trabajo que debe hacerse.

Inconscientemente nos castigamos con programas de fin de semana y actividad frenética, que incluye todo lo que podamos imaginar, excepto el descanso. Sin tiempo libre. Algunas personas incluso hablan sobre «ocio creativo», tal vez una reacción inconsciente que nos hace sentir que incluso en reposo, deberíamos estar produciendo algo que valga la pena.

Pero no hay necesidad de un «castigo» autoinfligido. Como mi hija me recordó, el descanso es un regalo de Dios. La próxima vez que decida descansar, no hay razón para sentirse culpable o sentir que hacer algo siempre es mejor que no hacer nada. En lugar de eso, dese permiso para no hacer nada, y hágalo con alegría y en perfecta paz, como un regalo de DIOS para usted. «Yo mismo cuidaré de mis ovejas y les daré un lugar para que se recuesten en paz, dice el Señor Soberano» [Ezequiel 34:15 NTV].

© 2018. J. Sergio Fortes es consultor en gestión estratégica y especialista en liderazgo corporativo. También es miembro de CBMC Brasil.

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